El mango de La Cope

/ 5 julio, 2017

No lo descubrí solo: fue a través de mi hermana que probé por primera vez el mango de la Cope, algo que ya no es ningún secreto, esas palabras suenan desde hace años. “¿Nunca has comido mango de la Cope?” escuché decir en medio de un tiempo muerto, de un día teñido por el calor del inicio de la época lluviosa; seguido por “Tenés que probarlo”. Cuando uno se cambia de colegio, cambia de amigos, de alguna manera. A nuevas amistades, nuevas experiencias, a las cuales arrancamos más novatos entre más jóvenes estamos. Fue el caso de mi hermana, cuyos nuevos amigos vivían cerca de la Cooperativa, dándoles el beneficio de conocer de primera mano al señor que se ponía justo en la esquina de la calle. Mi hermana se iba con ellos, los dejaba en esa colonia y llegaba a la casa con mango de la Cope.

Le empecé a seguir la pista. Lo empecé a buscar yo también y en esa búsqueda encontré carros que se desviaban para parar y comprarle mangos a ese señor, cual drive-thru gringo. Lo que era como una adicción para muchos, antojos especiales, gustitos después del colegio… se convirtió en un clásico para mí. Quizás la clave del éxito y de clientes fieles de algo tan sencillo, autóctono e informal sea lo genuino e infalible que caracteriza a este mango de la Cope. Quiero ver si en otros 20 años seguimos buscando el mango de la cope a las 5:00 p.m., en vez de cambiarlo por un helado en algún centro comercial.

 

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