Vamos al Caminito

/ 4 noviembre, 2016

Se notaba a leguas el enamoramiento y la emoción que compartían, querían. Eso los llevó al altar y se convirtieron en recién casados, a gusto con ellos mismos y con sus gustos. Uno de éstos era por aquellos choripanes de Caminito, los mentados choripanes de Caminito Chocos. ¿Qué tenía ese lugar? Tan colorido y alborotado, hecho adredemente a la brava por uno de los mejores arquitectos del país, Caminito daba ganas de ir y una vez estando allí no te querías ir. Ese primer año de casados, lo vivieron yendo y viniendo de Caminito.

Un menú sencillo, pero nuevo, tenía aquel componente nostálgico que resaltaba: en un pedazo de la Zona Rosa cuando ya no era lo que había sido, la humazón de la parrilla en sus cara, las mesitas afuera, la música pop con notas de rock latino, y el sabor de un choripán buenísimo, receta a la cual ningún restaurantero le había pegado. Caminito les confirmaba cada vez que era el lugar para comer choripanes; y para pasear, de paso, por unas papas boqueadas con chorizo en trozos o el churrasquito de 6 oz.

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