OTRO PASEO POR EL CAMINITO

/ 11 noviembre, 2016

Si nos acercamos a las nuevas sucursales de Caminito, vemos que vienen del mismo ambiente relajado y colorido que enamoró no solo a aquellos recién casados, sino cautivó a grupos de amigos, a cheros que tenían ratos de no verse y se juntaban para tomarse un par y picar algo, amigas haciendo catarsis, familias queriendo probar esas recetas parrilleras. El Caminito sin querer/queriendo creó  una categoría restaurantera, en el rango de 4 a 6 dólares. Lograron algo difícil de hacer que se separa del fast food y se distingue también del casual dining, conservando el posicionamiento “uno de los lugares a los que siempre vamos”.

No se pueden reproducir las sensaciones y la mística del lugar pequeño en el que se empezó, pero se puede partir de allí para crecer. Eso fue lo que pasó cuando se acercaron los dueños de Buffalo Wings, viendo la oportunidad para desarrollar esta categoría y llevar esta oferta culinaria a más espacios y personas.

Primero vino su expansión y después, su renovación. Caminito viene teniendo una renovación sistemática de su propuesta de menú y definición de concepto. Lo hace a medida escucha a sus clientes y le hace caso a corazonadas. Mezclando sabores nuevos, pero también rescatando la esencia.  Con una ojeada del nuevo menú, sabemos que esta nueva versión junta lo exitoso del origen de Caminito con una visión de negocio acertada, una apuesta hacia un futuro.

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